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Que es el Diseño Grafico

Que es el Diseño Grafico

Pensamiento proyectual

¿De qué cosa hablamos, cuando hablamos de diseño? Cuando hablamos de diseño nos estamos refiriendo básicamente a la construcción de ideas y su aplicación a la realidad.

El basamento teórico para sostener esta afirmación se encuentra en la Teoría de la Gestalt. Esto implica que se puede aprender y se puede enseñar a diseñar. Y podemos afirmar eso porque partimos del principio gestáltico según el cual: no percibimos las cosas como elementos inconexos, sino que las organizamos mediante un proceso perceptivo, en conjuntos significativos. Además, dichos conjuntos de significación se manifiestan dentro del flujo continuo del pensar y del actuar como ciertos estadios de comprensión de la mente.

Desde esa perspectiva, y en los párrafos que siguen, intentaremos una aproximación a la idea de diseño, procurando perfilar su naturaleza proyectual.

Los teóricos del diseño suelen definirlo como “actividad proyectual”. Ahora bien, los adjetivos proyectual, proyectiva o proyectivo, y el sustantivo proyectación, son neologismos acuñados en los años sesenta, que provienen del verbo proyectar: imaginar planes, planear. En tal sentido, proyecto es la mira, el propósito de hacer alguna cosa de manera planificada. De ello se desprende que hablar de diseño nos pone de cara a la facultad creadora de proyectar. Podría inferirse entonces que diseño y proyecto son sinónimos. Pero cabe hacer una distinción (sin separar necesariamente los términos): proyecto es el plan para la ejecución de una obra u operación; y diseño es el plan destinado exclusivamente a la configuración de una obra de carácter formal, es decir, a una forma visual o audiovisual, bidimensional o tridimensional. Entonces: el proyecto involucra al diseño, y el diseño es un proyecto en el cual el producto resultante es una forma visible y tangible.

Puestas las cosas en estos términos, podemos afirmar que la palabra “diseño” no denomina al objeto emergente de la actividad proyectual, sino al proceso conducente hacia esos objetos (entendiendo por objeto a toda cosa creada por el hombre).

Diseño no es la expresión final de una forma visible, sino el proceso de creación y elaboración por medio del cual el diseñador traduce un propósito en una forma.

Así, lo que hace un diseñador mediante su trabajo profesional, es realizar una gestaltización.

Desde el punto de vista idiomático, podemos decir que la palabra castellana “diseño” es un anglicismo: design, que significa plan mental, proyecto, programa, según el diccionario de la Academia de Oxford.

En los idiomas latinos este término inglés se ha incorporado de manera diversa. En efecto, el vocablo italiano disegno, el francés dessin y el portugués desenho, remiten a las nociones de delineación, trazado, bosquejo o dibujo de cualquier elemento que tenga una intención artística o decorativa. Pero un dibujo no es sino una representación figurativa o abstracta de algo existente o inexistente. Lo que mejor define la idea de diseño, entonces, es el hecho de que las formas resultantes surgen de un plan, de un programa, de una estrategia de abordaje que tiene que ver estrictamente con la comunicación.

En castellano el término diseño tiene un significado ambiguo entre ambas nociones (proyecto y dibujo) y carece afortunadamente de la claridad que posee en el idioma inglés. Por eso podemos hablar del diseño como de una actividad relacionada con procesos de comunicación que requieren la puesta en juego de estrategias de pensamiento proyectual.

En efecto, la actividad necesaria para la concepción creadora de un objeto diseñado es producto de un determinado tipo de pensamiento, al que llamaremos proyectual.

El pensamiento proyectual es una forma de pensar que se explicitó con mayor nitidez durante el siglo XX y cuyo origen puede encontrarse en el “Movimiento Moderno”. Este Movimiento fue una notable experiencia vanguardista en los campos de la Arquitectura, del Arte, de la Industria, de la Técnica, de la Filosofía, de la Psicología y del Psicoanálisis. Se desarrolló en Europa y en los Estados Unidos. Se gestó en el expresionismo alemán, en el futurismo italiano, en el constructivismo ruso, en el cubismo, en el dadaísmo y en el surrealismo. Se nutrió con las nuevas ideas surgidas de la revolución industrial, con la filosofía existencialista, y con los aportes de la naciente psicología. Se expandió con los avances científicos de la Escuela de la Gestalt. Encontró su centro vital en la Bauhaus y recibió un aporte revolucionario con la obra de los grandes maestros de la Arquitectura moderna.

Hacia el final del siglo veinte y principios del veintiuno, transcurridos ya casi un siglo de aquella génesis, podemos ver al diseño como una experiencia creativa, operativa y técnica, resultante de nítidas ramas del saber. Actualmente el diseño conforma un cuerpo de doctrina, estructurado por una unidad lógica y una unidad temática, construido sobre una base arquitectónica, artística, científica y tecnológica. El diseño es hoy una disciplina que amalgama el pensamiento de varios campos del saber, para articular un pensamiento de tipo proyectual.

Puede entonces decirse que el diseño integra grandes ramas del conocimiento, como por ejemplo:

a. Las Ciencias Humanas y Sociales.

La Filosofía, la Historia, la Psicología, la Estética, la Sociología, la Lingüística, la Semiótica, etc. Los conocimientos de ellas surgidos sirven para poder estudiar y comprender más profundamente la realidad en su dimensión menos tangible y más huidiza.

b. Las Artes.

La Pintura, el Dibujo, el Grabado, la Escultura, la Literatura, el Teatro, la Música y en general todos los campos de exploración de recursos expresivos, los cuales brindan a la vida humana el más elevado sentido de la belleza y de la dignidad.

c. Las Ciencias Exactas y las Naturales.

La Matemática, la Geometría, la Física, la Química, la Biología, la Neurología, la Ergonometría, la Electrónica, la Informática, la Telemática, entre tantísimas otras que hacen gobernables los hechos físicos. Todas estas ciencias nutren de lógica y precisión al pensamiento, brindando instrumentos de cálculo aptos para ejercer un control anticipado sobre distintas parcelas de la realidad.

En su formación profesional, el diseñador aprende a conocer cuanto menos lo básico de la generalidad de estos campos del conocimiento. Esto es importante, porque solo así puede llegar a saber cómo proyectar algo con previsible acierto.

Es útil que el diseñador sepa dibujar y manejar una computadora, pero lo que resulta en verdad necesario es que sepa pensar proyectualmente.

Estas afirmaciones también nos permiten señalar que se puede hablar de diseño en relación a cualquiera de las cosas que pueden hacerse a partir de los campos de conocimiento que inciden sobre él: Sociología, Economía, Política, Educación, Religión, etc. Esto quiere decir que también puede entenderse el diseño como la dimensión más abierta de la ingeniería, de la medicina, de los negocios, de la arquitectura o de las artes visuales, pues en esa dimensión no sólo se ocupan de cómo son las cosas, sino incluso de cómo podrían ser.

En otras palabras: desde esta perspectiva, hablar de diseño equivale a hablar de la posibilidad (presente en cualquier campo del conocimiento) de crear “lo artificial”. Se opone así a “lo natural”, entendido como mera aceptación fatal de fenómenos regidos por inexorables leyes físicas y químicas.

En efecto, el ingeniero, el arquitecto, el economista o el educador, se conectan entre sí porque se preocupan por cómo podrían ser las cosas para conseguir determinados fines y para funcionar cada vez mejor.

Como puede apreciarse, desde esta perspectiva el término diseño tiene una extensión muy vasta y personal. Dicho de manera somera y sencilla: diseña todo aquel que concibe actos destinados a transformar situaciones existentes en otras nuevas.

Esto quiere decir que la actividad intelectual que produce artefactos materiales no es fundamentalmente diferente de la que receta medicamentos para un paciente, idea un plan económico, imagina un plan de ventas para una empresa o prepara una clase para los alumnos. No se puede negar que esta tesis es profunda y original; pero es demasiado amplia. En tal sentido, se nos impone observar que esta perspectiva no contempla en sus formulaciones la importancia de las formas visuales, que son medulares para la especificación del diseñador gráfico. En efecto, el fusionar pensamiento proyectual con producción de lo artificial, no contribuye a la delimitación y clarificación específica del diseño gráfico como campo teórico y práctico de comunicación visual. Sin embargo, hemos de reconocer que igualmente contiene un aporte muy valioso: diseñar implica supeditar la creación a un propósito.

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